Sobre este blog.
14 octubre, 2009
12 octubre, 2009
08 octubre, 2009
Hogar. En Octubre.
B. Me gustaría poder responderte.
A. ¿Qué quieres decir?
B. No entiendo que me pasa. ¿Es normal?
A. Supongo, no todos se entienden todo el tiempo.
B. ¿Y en qué tiempo estás tu?
A. Eso no importa, tu eres el que anda raro.
B. No ando raro, solo que no me soporto.
A. Eso es un poco más normal. ¿Has peleado con alguien?
B. No, pero me gustaría hacerlo, así que mejor sería que te vayas.
A. ¿Quieres un cigarro?
B. Tengo cruda, no quiero más que golpear a alguien.
A. Bueno... - Prendió el cigarro. - ¿Se han visto esta semana?
B. En parte, he visto a alguien... Que me agrada.
A. Entiendo... y estas en... ¿Dicotomía?
B. Si. Algo así de seguro. Y lo peor, es que me hubiera gustado no encontrar nada a la vez.
A. Sé que es eso.
B. Es basura. Eso es.
07 octubre, 2009
Séptimo cigarro. 7
Séptimo cigarro.
Llegó así al último cigarro y a la parte más muerta de la tarde dominical, la más nostálgica, la más sepia y con aquella la tonalidad suave de la melancolía. Se fue envolviendo entre los retazos de poesía, y las frases a medio recordar que escuchaba en su nueva trova.
Agobiado de la vida reposada y del escuchar a las ventanas golpear contra la pared, su muralla infranqueable. Voces. Voces en su interior alterando su muerte constante. Sus ojos negándose a ver en el espejo solamente su rostro, su rostro gris y sin perfumar. Sus ojos negándose a enfrentar que hacía horas sin razón lloraban. Una piel fría, amoratada y sin nada que la cubra más que la pared del departamento por el que luchó por hacer suyo.
Las puertas se abrían y cerraban, la helada brisa impetuosa del desenfreno recorría la casa desnudándola por completo. Y con esa, la última bocanada de humo, se dice que salió de su boca, algo más que dióxido. Desde entonces su boca se mantiene obtusa, haciendo burla del gesto de sorpresa que la vida nunca le trajo.
04 octubre, 2009
Adios Mercedita.

16 septiembre, 2009
02 septiembre, 2009
Séptimo cigarro. 6

Sentado y apoyado en su escritorio, con una lámpara de luz amarilla y con música tranquila, en resumen, el ambiente perfecto. No es suficiente. Nunca es suficiente últimamente. Sentía el repudio y odio que sólo puede sentir un presunto escritor al no poder verse reflejado en el papel. El sexto cigarro. Como un toro divisando a su victima botó con fuerza, el humo de la nariz. Ebrio de tanto oír nada y queriendo vociferar sólo mantuvo el repugnante silencio. Dos horas sentado. Tratando de pensar. Tratando de evadir la impaciencia infantil que a veces por completo lo asaltaba. Sin tener mucha idea de nada y con las palabras hechas un nudo a las faldas de la garganta, con un dolor de brazo tan desesperante como el cigarro que parecía infinito, que no lo relajó en lo más mínimo, al contrario pareció alterarlo.
El cigarro finalizó con un par de arcadas. Aplastó el cigarro contra el cenicero con adversidad inigualable.
