Sobre este blog.

Cuatro años después del Septimo Cigarro, siendo un ex-fumador de tabaco y habiendo dejado de lado muchas de mis depresiones adolescentes, me vi aquí nuevamente tratando de robarle palabras al viento, para inmortalizar y/o dejar ir experiencias. Entre ensayos y esbozos intento recobrar esa antigua parte de mi, que creía había muerto.

18 agosto, 2009

Cucharita de realismo.

No todos los lucky son sabor whisky,
ni todos los puros tienen sabor a mocha.
ni todos los cafés vienen con aquella única
cucharita de azúcar, cargada exactamente como me agrada.

No todos los días Miraflores me bendice con sus lágrimas.
ni todos los días se declara una nueva guerra
que pueda seguir por periódico o televisión.

No todos los días se hacen descubrimientos fabulosos
que hagan que la iglesia pueda cerrar la boca una vez más.

No todos los días me toman una buena foto,
ni todos los días escucho una buena canción
que me haga saltar con el ritmo.

No todos los días encuentro un buen diseño a imitar,
ni disfruto una buena charla con algún conocido.

No existen creo, los momentos realmente hermosos,
siempre hay un comentario de más,
una cucharita de realismo en el café perfecto,
como si no fuera suficientemente amargo así como estaba.

-Espera, espera. Déjame entenderlo.
-¿Es confuso no?
-Si, claro que si. ¿Y qué hiciste?
-Le rompí la madre, ni lo pensé.
-Pucha, y ¿cómo así?
-Con el vaso de cerveza, se lo reventé en la cara, y eso que era un chop.
-Jajaja. Le debiste romper la cara con eso.
-Lo hubieras visto, las lágrimas y los chorros de sangre se mezclaban en el suelo.
-¡Que porquería! ¿Y qué más hiciste?
-Nada, salí.
-¿Y ella?
-Ya no va a tener más ganas de jugar creo. Su cara se desarmaba de sorpresa, no esperaba nada.

-Claro, claro, ni decirlo. A mí me dejaste huevon. Debí verlo.
-Fue muy... emocionante.
-Llámame en la próxima sacada de madre porfa.
-jajaja. Ni lo dudes.

16 agosto, 2009

OOPS!


Para los que tuvieron la suerte de ir. Y para los que no, se los digo, estuvo PERFECTO! Tocaron "guacamole" y se la dedicaron a Gastón Acurio. Todos reían con Liniers, quien presentó la nueva corriente del "insegurismo" y su interpretasión de "Daisy" fue algo antihigiénica. Johansen fue a tomar unos piscos por ahí, en "Desde que te perdí" y "el circulo" fue acompañada con la anécdota de su hijita al dormir.

05 agosto, 2009

Aldo dice.

10 años después, y de otro color.

Harto. Un poco HARTO!

Se me acabaron los cigarros ayer, mientras asesinaba con doble revolver. Y hoy es uno de esos días como para volver a fumar, después de haberlos dejado durante una larga temporada. Sólo que mejor, porque en mi caso, no existió nunca la larga temporada.
Muero
por un cigarro. Y tener que ir hasta mi casa para pedir dinero, y luego comprar cigarros, me paraliza del miedo. No estoy seguro si tenga la fuerza. Pero seguro estoy de que fumo mientras me encero los dreads, hace días que no lo hago, como afeitarme, ando en fachas únicas, sufro con la imagen de policia jubilado comiendo chifa de caja con palitos, mientras ve NO MOLESTAR de Fox, o Nick at Nite, en la tele.

Ni pienses en pedirme que sea Gabriel todo el tiempo, y todos los días, es más, ni pienses siquiera en pedirme algo. Las cosas han ido cambiando, sin que yo quiera, sin que el tiempo lo dicte por ritmo natural, el ritmo es probable que lo hayas escogido, también, como el resto de cosas.

Alguna vez estuviste ahí me pregunto. No me respondo. Odio recordarlo. Y sabes de que hablaba cuando escribí tanta estupidez y pretendía... quizás crearme un personaje, idealizarme en parte, para recuerdos ajenos... quizá estafarme solo... hacer ideas... morir un poco... dejar algo de mi en otro lado. Como un querer hacer Orocrux. Para tratar de volverme un poco inmortal, y guardar un poco de ayer. Y ahora que ha pasado largo tiempo. De esto hablaba cuando hablé. A esto me refería cuando me referí como imposible.

Derrepente no importa si lo haces- Si no entiendes es la idea, y si lo haces, también. Y no es bueno sentirse aludido, pues no es sólo para tí.

01 agosto, 2009

Séptimo cigarro. 5

Quinto cigarro



Dicen que un vaso que está hasta la mitad de agua, puede estar medio lleno o medio vacío, dependiendo de la persona de quien mire el vaso, pero no es lo mismo con la cajetilla de siete cigarros, que compró hacía cinco días, ahora sólo contiene dos cigarros sin prender y uno en su boca recién prendido. Obvimente no había más vueltas que darle, todo estaba a medio acabarse.

Viendo la cajetilla hoy se pasó gran parte de la tarde, pensando en todo lo que había pasado en estos dos últimos años, como su vida fue desvaneciéndose hasta llegar a eso, que es aún peor que estar muerto. Es la muerte en vida, se sentía como atrapado dentro de un retazo de si mismo, entre sombras de gente que ya no lo rodea, entre compañías que huyeron y recuerdos nostálgicos, pero no esos recuerdos de días anteriores, de su infancia, de sus padres y navidades, sino de recuerdos posteriores, de su adolescencia, de su juventud aún no finalizada.

Casi sin querer y rozando con las lágrimas y el amargor de garganta, fue recordando cada uno de los desplantes, de ropturas, de esos amores que dejó pasar, de los que nunca pasaron, de los que le pasaron encima, atropeyaron y destrozaron por completo. Todos los besos, los perfumes, las pieles, las caricias, las historias, las sonrrisas, cada una tan perfecta como la anterior, pero con mayor crueldad también.

Porqué será que aveces un afán autodestructivo se encarga de desmoronarlo, de acabarlo poco a poco, con recuerdos, con malos pensamientos, ¿Ahí algún gusto en probocar una depresión, de dañarse?

El quinto cigarro vino con la reveladora observación de que hacía unos cuatro días atrás que los cigarros no causaban ningún tipo de placer, es más, todos daban por común denominador el estado depresivo, las horas eternas, el maltrato casi físico que le probocaba recordar lo solitaria que había sido su vida, y no venían con aires de querer mejorar, de cambiar, de marcar hitos, no, al contrario, venían con aires, aún más perforantes, que lo hundían más y más.

En el mar de la incertidumbre y el excaso confort, junto al sol que le mandaba un inequívoco resplandor. Siguió fumando hasta que el cigarro poco a poco se acabó, sin producir asco ni satisfacción, sólo acabó como acaba el encanto de una flor que nunca fue vista pasada ya la primavera, como acaban las historias que nunca fueron escuchadas, como acaba este cigarro que posiblemente se asoma a ser uno de los últimos.

Quedan dos.

17 julio, 2009

Séptimo cigarro. 4

Cuarto cigarro.




En memoria a su padre escribió unas coplas alguna vez, una de esas tardes en las que se creyó Manrique, coplas que leyó la noche del jueves, con un cigarro y un café, en la sala de su casa. De letra similar a la canción de Piero, (Viejo, mi querido viejo) por poco y una lágrima intentaba rozar su parpado, pero como solía hacer se contuvo, después de leerlas, observó una pequeña foto de su madre, antes de fallecer, que había guardado junto a las coplas, en una cajita pequeña en su librero. Mi madre, cuando todo el mundo se le venía encima. - Dijo y empezó, lo que sería el principio del fin.

Su madre comenzó a fumar tras la muerte inesperada de su esposo, jubilada y sin muchas ocupaciones, se dejó vencer por el cigarro, hacía dos años exactos, en el mes de Marzo. La rutina agotadora era obstáculo para poder ir a visitarla de vez en cuando, por eso será talvez que se sentía algo culpable. Recordaba los fines de semana cuando almorzaba con ella, cada fin adelgazaba más, ignoraba más a su enfermera y se guardaba más las penas para ella misma.

El recuerdo le trajo sentimientos encontrados y el cigarro parecía no más que jugarle malas pasadas, las bocanadas de humo le desgarraban la garganta por completo, como si de carma se tratase, como queriéndo aprobecharse del sentimiento de culpa que intentaba contenerse.

La pena lo distrajo. Dejó de fumar un momento. ignorando la ubicación exacta del cenicero.

Siguió pensando en su madre, mientras que la ceniza lo iba cubriendo poco a poco, como lampazos de tierra que caen sobre el cajón que encierra toda una historia, fue cubriéndose de ceniza hasta que cumpliendo la carácteristica de todo lucky strike, la braza se dejó caer.

Fue uno de esos cigarros incomodos, que parecen quebrarse, que enpolvan todo con ceniza, de braza tambaleante, que huméa de más, y con ésto quiero referirme a la desagradable situasion que a veces ocurre, cuando el humo se filtra y causa este típico ardor al acercarse a los ojos, o ahoga cuando es respirado.

La braza le cayó en la mano. Se quemó y se puso de píe de un salto, limpió su ropa con las manos y pisó lo que quedaba del cigarro. Perturbado por completo sólo guardó las cosas y se fue a dormir.

Quedan tres.

14 julio, 2009

Séptimo cigarro. 3

Tercer cigarro.

El miércoles parecía consumirse poco a poco junto al cigarro del cenicero. La tarde lo encontró sentado en su oficina, queriendo dejar correr las horas, mientras esperaba la salida. Le era agobiante la idea de tener que trabajar tiempo completo después de tantos años, a pesar de que la estancia en la oficina era cómoda.

Una alfombra gris cubría el suelo, los asientos acolchonados, aire acondicionado, un baño siempre oliendo a desinfectante, una cocina siempre disponible para poder preparar un café o calentar el almuerzo llegada la hora, en resumen, todo el ambiente de pequeño burgués que deseó tener cuando joven, parecía ser la replica exacta de la oficina de su madre, a diferencia que esta vez él trabajaba y no caminaba viendo los adornos extraños que se suelen tener sobre el escritorio, o tratando de entender los cuadros de arte abstracta que estaban colgados en los pasillos. Todo lo deseado parecía hacerse filtrado por algún extraño desague subterraneo.

Antes para él, la idea de oficina venía en un pack junto a la idea de libertad y trabajo sin presión, pero al conseguir todo lo que cuando joven deseaba, llegó a entender que todo es diferente cuando lo vives de primera mano. Hizo pequeños aros con las últimas bocanadas de humo, mientras el cigarro se consumía casi por completo.

Los aros de humo se iban alejando, hasta chocarse con el techo y desvanecer. -Ya van tres días seguidos en fumar... - Dijo sintiendo un pequeño agujero en los pulmones cargado de culpa, por hacer daño a su organismo, por haber vivido una mentira toda su vida, por la esclavitud voluntaria, ese tipo de culpa indirecta que nunca se llega a saber con claridad de que se trata realmente.

¿Cuándo fue la primera vez que fumé? - Sé preguntó en mente mientras veía el computador cargado de compromisos. Pensó entonces que de seguro había sido una de las pocas cosas que le dejó su padre, pues sólo recordaba una imagen de él, fumando sentado mientras leía y tomaba café, queriendo huir del brillo del sol bajo una sombrilla, lamentaba no poder recordar más, pues mucho no lo conoció. Estoy más que seguro que le hubiera gustado conversar con él alguna vez, sólo lo recordaba o fumando o jugando con apariencia de estar en otro lado. Ocupado, con asuntos del trabajo y/o disfrutando su día libre con cosas que sólo el entendía, nunca fue el tipo de padre que le gustaba pasar el tiempo con su hijo, compartir un poco, conversar talvez, siempre fue una imagen literaria, un personaje de comic seguramente, plano y perfecto.

Es de recordar para él que su padre era un hombre de buenas costumbres y maneras, poco golpeado por la vida pero si insatisfecho de ella, hombre de mucho carácter, conservador pero hombre cansado también, envejecido por sus propios tormentos.

El tercer cigarro fue apagado sobre el cenicero de vidrio que estaba en su escritorio, al acabarse por completo.

Quedan cuatro.