
que el que se fuma antes de los regalos."
Fernando Morén.
Sobre Navidad.
Diciembre, volvió a mí con un peso único, se ha venido encima, acompañada de muñecos de nieve, santa y sus veinte mil renos. Se han apresurado los días o talvez se debe a que el no hacer nada de fin de clases, me da la impresión de días veloces. Sea lo que sea, la navidad ha cambiado. Si bien es cierto, éste año mi navidad ha enfrentado un duro debate de origen, y mi creencia en Dios se ha opacado hasta desaparecer, he decido festejarla como culto a lo que puede hacer el consumismo y la buena publicidad.
Porque mientras que Coca cola, nos vende a sus ositos polares abrazándose y tomando gaseosa, y nos bombardean con esa falsa imagen de familia unida bajo el calor de la chimenea, rodeando el árbol lleno de luces y abrigados por el frío invernal, aquí en mi país sudaca, en pleno verano, tenemos que aguantar las costumbres americanas del chocolate caliente que nos hace sudar de bochorno y la nieve falsa, pues en mi Lima, no nieva. ¿Y debido a qué? A la buena publicidad.
Esta bien, debo reconocer que no es solo la publicidad, porque sería tonto tratar de engañar a mis pocos lectores, diciendo que mi concepción de navidad es sólo una festividad a la buena propaganda, sino es todo el ambiente en conjunto, la felicidad espontánea y sin sentido, la ligera ambición a los regalos, la cena, siempre abundante, el relajo, el feriado después de la noche buena. Todas éstas cosas me hacen sonreír el veinticuatro en la mañana y tarde.
Pero de alguna forma especial ha venido esta navidad sin tantos ánimos y afanes, ¿Será que las navidades son para los niños, cómo dicen las jugueterías? No sé explicar el porqué, pero lo único que puedo recordar como una alegre navidad es el levantarme muy temprano a desayunar, acompañado de Piero, ver televisión un rato y correr a la sala de piso alfombrado y jugar ahí a las “peleitas”, como solíamos llamarlas, mientras mi papá con paso no muy acelerado, va preparando el infaltable pavo navideño. ¿Será talvez qué en esta navidad, no sólo faltan mis primos y tíos, sino también mi hermano mayor y mi abuela? ¿Será qué el pavo recién fue comprado ayer y no con tantos días de anticipación como era antes? ¿Será qué mi boca olvidó aquel acido único del puré de manzana? ¿Será qué el champán no se ha dejado ver hasta ahora y mi cabeza no asimila la idea de que ya sea noche buena? ¿Será qué alguna clase de melancolía de término de colegio me embarga? ¿Será qué la idea de navidad se ha visto duramente perjudicada con mi decisión de fortalecer mi ateísmo?