Sobre este blog.

Cuatro años después del Septimo Cigarro, siendo un ex-fumador de tabaco y habiendo dejado de lado muchas de mis depresiones adolescentes, me vi aquí nuevamente tratando de robarle palabras al viento, para inmortalizar y/o dejar ir experiencias. Entre ensayos y esbozos intento recobrar esa antigua parte de mi, que creía había muerto.

19 enero, 2009

ERBOS L-I-R-B-A



Porque Silvio aún te espera,
y de Sabina te robaron.


Me contaste una vez, que todas las canciones en las que sonaba tu nombre habían sido arduamente buscadas y escuchadas por ti. Me contaste una vez, cuando era más barriga que niño, varios de tus problemas y me dijiste también que les di buena solución. Me contaste, y no una, sino varias veces sobre tus enamorados, y también sobre aquellos hombres con quienes te viste profundamente involucrada, por pura confusión de adolescente ilusionada supongo. Me contaste también sobre tus gatos negros, sobre los peces mágicos del Dú, y sobre los perros gigantescos que tenía tu madre en la otra casa. Me has hablado tanto de tus amigas que al igual que yo, te llevan años de diferencia. Me hablaste de Camila, hasta que una vez mencionaste se volvía naranja y gigante cual calabaza. Me has visto la cara desde que la tuve y a pesar de eso, una vez en mi cumpleaños lloré por que no quería salir sólo contigo a comer helados. Me hiciste memorizar “cherri” cuando no sabía ni ir al baño solo, por todo un año completo para luego encontrarlo convertido en restaurante. Me hiciste la tarjeta de cumpleaños más grande que haya tenido. Me acompañaste a comprar una pulsera que diga: R y P para regalársela a mi enamorada. Me propusiste hacer un libro de cuentos, y explotar en la carátula el hecho de que nuestras iniciales sean las mismas. Te olvidaste de mi cumpleaños número dieciséis. Fuiste la primera en llamarme Gabriel.

He ido sólo tres veces a tu casa, y una vez en la azotea de la mía, te conté uno de los problemas más difíciles que enfrento en mi corta vida. Has hablado de mí a la mitad de las personas que me presentaste. Escribí dos cuentos donde te incluía como protagonista.

Y ahora miro atrás un poco, como diría Nito, será que la segunda crónica tiene hasta cierto punto razón. Será que los años han venido cargados de eventos que aunque parezca imposible pueden llegar ha separar por más tiempo de lo que pueden contener en sus trecientos sesenta y cinco días. Será que de pronto me estoy poniendo naranja y gigante. Será que otro tipo de problemas te han ido aquejando y no he podido solucionar. Sea lo que sea, debe ser como todo últimamente, “cosa de la edad” sé que irá cambiando con el tiempo. Y hasta entonces éstos, los recuerdos anteriormente mencionados, serán los que conservaré.

Te esperamos…
Odla.

12 enero, 2009

Pienso mejor con un cigarro en la boca. Y viéndome gravemente enfermo de ésta gripa que por cambio climático me ha aquejado, estas dos últimas semanas, me he visto obligado a dejar de fumar por un lapso no muy largo.

Lo que mi voluntad resista. No mucho, ya deben saberlo. Si de algo han de saber de mí en éstos escritos, serán tres cosas:

Primera: Mi falta de fuerza de voluntad.
Segunda: Mi adicción absoluta al cigarro.
Tercera: Mi constante curiosidad sobre la muerte.

Como sea, ya vendrá algo mejor pensado y que se note que vino acompañado de unos cigarros.

05 enero, 2009

Réquiem.

Resolví para mí, como es que se hace para entregar una carta cuando el buzón se está más que cerrado. Cuando no hay ojos que quieran leer las letras escritas. Cuando no hay oídos que quieran escuchar mis palabras, que tambaleándose por mis ganas de llorar, luchan por ser completadas sin interrupción. Resolví para mí, los mil problemas que algún día, cada vez más lejano, nos atormentaron. De tanto pensar, encontré mil soluciones, e imaginé futuros paralelos. Futuros paralelos, de nuestras manos sin separar.
Resolví para mí, el crucigrama que dejaste la semana pasada sobre la cama. Hoy resolví para mí, el problema de la falta de azúcar y café para nuestro desayuno. Hoy resolví y sólo para mí, porque ya no me acompañas, el problema del cabello crecido y de la apariencia desgarbada. Hoy resolví el problema del cigarrillo y de la música con volumen alto. Recién hoy, resolví sólo para mí, los enigmas que escondía tu mirada, recién hoy, talvez un poco tarde, como siempre te quejaste que hacía las cosas, tarde. Hoy, más que resolver, entendí el porqué decidiste cambiar el amor por el odio, así tan de pronto, sin darme yo cuenta.
Y ahora, que te veo, y no te veo al mismo tiempo. Ahora que quiero abrazarte y besarte como nunca, pero no es posible. Ahora, que enfrenté tu mirada de desinterés, que es aún peor que la de desprecio. Ahora, y sólo una vez más, te pido que me entiendas, que seas un poco más tolerante, ahora te juro que todos los problemas acabarán, que les pondré real importancia, que seré cuidadoso con todo, cariñoso, que no fumaré más, que sacaré al perro en las noches, que no iré más a ese café al que van esos bohemios locos, que lavaré los trastes después de comer, que me quedaré contigo después del amor, que escucharemos juntos música, de la que te gusta, que te llevaré el desayuno a la cama los domingos en la mañana, que tendremos hijos, veinte si quieres, ahora te juro esto y muchas cosas más, las que quieras, ahora te las puedo jurar una por una, mientras echados en la cama, sólo nos abrazamos y conversamos.
Te ruego que luches un poco más por mantener esto, que hasta hace poco nos unía. Ahora mismo, si así lo quieres te prometeré hacer por ti lo que quieras, sólo si te quedas una vez más, sólo si me das otra oportunidad, aunque sea de discutirlo, de hablar sin gritos, de poder encontrarte en la mirada, de verte igual a como te conocí. Por favor.
– Dije ya casi sin aire, y con los ojos húmedos, pero al parecer, te has perdido camino a casa, pues no ha venido más que tu sombra, no ha venido más que una mujer extraña con rostro conocido.

23 diciembre, 2008

Crónicas. III



"No hay mejor cigarro,
que el que se fuma antes de los regalos."
Fernando Morén.

Sobre Navidad.

Diciembre, volvió a mí con un peso único, se ha venido encima, acompañada de muñecos de nieve, santa y sus veinte mil renos. Se han apresurado los días o talvez se debe a que el no hacer nada de fin de clases, me da la impresión de días veloces. Sea lo que sea, la navidad ha cambiado. Si bien es cierto, éste año mi navidad ha enfrentado un duro debate de origen, y mi creencia en Dios se ha opacado hasta desaparecer, he decido festejarla como culto a lo que puede hacer el consumismo y la buena publicidad.

Porque mientras que Coca cola, nos vende a sus ositos polares abrazándose y tomando gaseosa, y nos bombardean con esa falsa imagen de familia unida bajo el calor de la chimenea, rodeando el árbol lleno de luces y abrigados por el frío invernal, aquí en mi país sudaca, en pleno verano, tenemos que aguantar las costumbres americanas del chocolate caliente que nos hace sudar de bochorno y la nieve falsa, pues en mi Lima, no nieva. ¿Y debido a qué? A la buena publicidad.

Esta bien, debo reconocer que no es solo la publicidad, porque sería tonto tratar de engañar a mis pocos lectores, diciendo que mi concepción de navidad es sólo una festividad a la buena propaganda, sino es todo el ambiente en conjunto, la felicidad espontánea y sin sentido, la ligera ambición a los regalos, la cena, siempre abundante, el relajo, el feriado después de la noche buena. Todas éstas cosas me hacen sonreír el veinticuatro en la mañana y tarde.

Pero de alguna forma especial ha venido esta navidad sin tantos ánimos y afanes, ¿Será que las navidades son para los niños, cómo dicen las jugueterías? No sé explicar el porqué, pero lo único que puedo recordar como una alegre navidad es el levantarme muy temprano a desayunar, acompañado de Piero, ver televisión un rato y correr a la sala de piso alfombrado y jugar ahí a las “peleitas”, como solíamos llamarlas, mientras mi papá con paso no muy acelerado, va preparando el infaltable pavo navideño. ¿Será talvez qué en esta navidad, no sólo faltan mis primos y tíos, sino también mi hermano mayor y mi abuela? ¿Será qué el pavo recién fue comprado ayer y no con tantos días de anticipación como era antes? ¿Será qué mi boca olvidó aquel acido único del puré de manzana? ¿Será qué el champán no se ha dejado ver hasta ahora y mi cabeza no asimila la idea de que ya sea noche buena? ¿Será qué alguna clase de melancolía de término de colegio me embarga? ¿Será qué la idea de navidad se ha visto duramente perjudicada con mi decisión de fortalecer mi ateísmo?

15 diciembre, 2008

Crónicas. II



No son de venir muy a menudo estas sensaciones que la vida te trae, cuando el paso del tiempo se hace notar con varios acontecimientos importantes, muy seguidos el uno del otro. Estas sensaciones que hacen que el ser efímera sea la mayor característica de la vida. Hoy, un día digno de odiar, me han venido estos aires de senectud, con apariencia nostálgica dominical. Con el zumbido inevitable que hace una moneda al ser lanzada por el pulgar hacia arriba, que como forma de encontrar una respuesta al azar se hace seguidamente, o incluso más agudo a veces, y es como el estremecedor as de sonido que causa el televisor al ser prendido. Con la sensación que causa una pluma al rozar la espalda, vinieron a mí, noticias cargadas de malas intensiones.

Y es que en tiempos de incertidumbre existencial adolescente, la poca gente a mi alrededor, comienza a crear razones para su vida o cosas por las que valgan la pena seguir viviendo y luchar. Y me veo atrapado, traicionado, por los que me inspiraron a seguir cuestionando contra el sinsentido. Y pues el tiempo parece haberse acelerado para ellos, con los que solía poder conversar a gusto y ahora, que llegué a aborrecer lo que tanto me obligaron a odiar, me veo en la mitad del camino, sin luz con que iluminarme, y con el orgullo suficiente, como para no poder volver pisando mis huellas.

Y me veo otra vez, perdido, como no esperaba verme nunca más. Extraviado entre el ir y el regresar. Y es que el tiempo juega malas pasadas cuando va a paso de empresario y notas el crecimiento a tu alrededor, más no en ti. Y no es que el ron de ésta noche, haya cambiado mi forma de pensar, o que me encuentre en ese cruce de sentimientos melancólicos post-alcoholisismo, ni que sea tan egoísta y que no sienta satisfacción por la felicidad ajena, es sólo que una vez más me siento completamente solo.

Hace unos días que terminé el colegio, y harto de tanta mierda estudiantil llegué a casa feliz y comentando que no volvería a tener que ponerme la camisa dentro del pantalón, ni tener que colgar mi uniforme el domingo en la noche. Fue entonces cuando encontré a mi abuelo gravemente enfermo, a mi hermana apunto de graduarse de la universidad, a un amigo que conozco desde que nací [Isaac] a pocos meses de ser padre, a Abril lista para viajar a Inglaterra y a Lucero a vísperas de matrimonio. Y noté que los siete años que me separan de mi hermano más próximo, se habían vuelto más largos que de costumbre, en no sé que instante. Noté que nuestras vidas eran muchísimo más diferentes de lo que parecían ser y que el tiempo había pasado precipitadamente, causando en mí esta sensación de edad provecta que sólo a veces llega con estremecedores aires.