Sobre este blog.
12 enero, 2009
Lo que mi voluntad resista. No mucho, ya deben saberlo. Si de algo han de saber de mí en éstos escritos, serán tres cosas:
Primera: Mi falta de fuerza de voluntad.
Segunda: Mi adicción absoluta al cigarro.
Tercera: Mi constante curiosidad sobre la muerte.
Como sea, ya vendrá algo mejor pensado y que se note que vino acompañado de unos cigarros.
05 enero, 2009
Réquiem.
Resolví para mí, el crucigrama que dejaste la semana pasada sobre la cama. Hoy resolví para mí, el problema de la falta de azúcar y café para nuestro desayuno. Hoy resolví y sólo para mí, porque ya no me acompañas, el problema del cabello crecido y de la apariencia desgarbada. Hoy resolví el problema del cigarrillo y de la música con volumen alto. Recién hoy, resolví sólo para mí, los enigmas que escondía tu mirada, recién hoy, talvez un poco tarde, como siempre te quejaste que hacía las cosas, tarde. Hoy, más que resolver, entendí el porqué decidiste cambiar el amor por el odio, así tan de pronto, sin darme yo cuenta.
Y ahora, que te veo, y no te veo al mismo tiempo. Ahora que quiero abrazarte y besarte como nunca, pero no es posible. Ahora, que enfrenté tu mirada de desinterés, que es aún peor que la de desprecio. Ahora, y sólo una vez más, te pido que me entiendas, que seas un poco más tolerante, ahora te juro que todos los problemas acabarán, que les pondré real importancia, que seré cuidadoso con todo, cariñoso, que no fumaré más, que sacaré al perro en las noches, que no iré más a ese café al que van esos bohemios locos, que lavaré los trastes después de comer, que me quedaré contigo después del amor, que escucharemos juntos música, de la que te gusta, que te llevaré el desayuno a la cama los domingos en la mañana, que tendremos hijos, veinte si quieres, ahora te juro esto y muchas cosas más, las que quieras, ahora te las puedo jurar una por una, mientras echados en la cama, sólo nos abrazamos y conversamos.
Te ruego que luches un poco más por mantener esto, que hasta hace poco nos unía. Ahora mismo, si así lo quieres te prometeré hacer por ti lo que quieras, sólo si te quedas una vez más, sólo si me das otra oportunidad, aunque sea de discutirlo, de hablar sin gritos, de poder encontrarte en la mirada, de verte igual a como te conocí. Por favor. – Dije ya casi sin aire, y con los ojos húmedos, pero al parecer, te has perdido camino a casa, pues no ha venido más que tu sombra, no ha venido más que una mujer extraña con rostro conocido.
31 diciembre, 2008
23 diciembre, 2008
Crónicas. III

Sobre Navidad.
Diciembre, volvió a mí con un peso único, se ha venido encima, acompañada de muñecos de nieve, santa y sus veinte mil renos. Se han apresurado los días o talvez se debe a que el no hacer nada de fin de clases, me da la impresión de días veloces. Sea lo que sea, la navidad ha cambiado. Si bien es cierto, éste año mi navidad ha enfrentado un duro debate de origen, y mi creencia en Dios se ha opacado hasta desaparecer, he decido festejarla como culto a lo que puede hacer el consumismo y la buena publicidad.
Porque mientras que Coca cola, nos vende a sus ositos polares abrazándose y tomando gaseosa, y nos bombardean con esa falsa imagen de familia unida bajo el calor de la chimenea, rodeando el árbol lleno de luces y abrigados por el frío invernal, aquí en mi país sudaca, en pleno verano, tenemos que aguantar las costumbres americanas del chocolate caliente que nos hace sudar de bochorno y la nieve falsa, pues en mi Lima, no nieva. ¿Y debido a qué? A la buena publicidad.
Esta bien, debo reconocer que no es solo la publicidad, porque sería tonto tratar de engañar a mis pocos lectores, diciendo que mi concepción de navidad es sólo una festividad a la buena propaganda, sino es todo el ambiente en conjunto, la felicidad espontánea y sin sentido, la ligera ambición a los regalos, la cena, siempre abundante, el relajo, el feriado después de la noche buena. Todas éstas cosas me hacen sonreír el veinticuatro en la mañana y tarde.
Pero de alguna forma especial ha venido esta navidad sin tantos ánimos y afanes, ¿Será que las navidades son para los niños, cómo dicen las jugueterías? No sé explicar el porqué, pero lo único que puedo recordar como una alegre navidad es el levantarme muy temprano a desayunar, acompañado de Piero, ver televisión un rato y correr a la sala de piso alfombrado y jugar ahí a las “peleitas”, como solíamos llamarlas, mientras mi papá con paso no muy acelerado, va preparando el infaltable pavo navideño. ¿Será talvez qué en esta navidad, no sólo faltan mis primos y tíos, sino también mi hermano mayor y mi abuela? ¿Será qué el pavo recién fue comprado ayer y no con tantos días de anticipación como era antes? ¿Será qué mi boca olvidó aquel acido único del puré de manzana? ¿Será qué el champán no se ha dejado ver hasta ahora y mi cabeza no asimila la idea de que ya sea noche buena? ¿Será qué alguna clase de melancolía de término de colegio me embarga? ¿Será qué la idea de navidad se ha visto duramente perjudicada con mi decisión de fortalecer mi ateísmo?
15 diciembre, 2008
Crónicas. II

Y es que en tiempos de incertidumbre existencial adolescente, la poca gente a mi alrededor, comienza a crear razones para su vida o cosas por las que valgan la pena seguir viviendo y luchar. Y me veo atrapado, traicionado, por los que me inspiraron a seguir cuestionando contra el sinsentido. Y pues el tiempo parece haberse acelerado para ellos, con los que solía poder conversar a gusto y ahora, que llegué a aborrecer lo que tanto me obligaron a odiar, me veo en la mitad del camino, sin luz con que iluminarme, y con el orgullo suficiente, como para no poder volver pisando mis huellas.
Y me veo otra vez, perdido, como no esperaba verme nunca más. Extraviado entre el ir y el regresar. Y es que el tiempo juega malas pasadas cuando va a paso de empresario y notas el crecimiento a tu alrededor, más no en ti. Y no es que el ron de ésta noche, haya cambiado mi forma de pensar, o que me encuentre en ese cruce de sentimientos melancólicos post-alcoholisismo, ni que sea tan egoísta y que no sienta satisfacción por la felicidad ajena, es sólo que una vez más me siento completamente solo.
Hace unos días que terminé el colegio, y harto de tanta mierda estudiantil llegué a casa feliz y comentando que no volvería a tener que ponerme la camisa dentro del pantalón, ni tener que colgar mi uniforme el domingo en la noche. Fue entonces cuando encontré a mi abuelo gravemente enfermo, a mi hermana apunto de graduarse de la universidad, a un amigo que conozco desde que nací [Isaac] a pocos meses de ser padre, a Abril lista para viajar a Inglaterra y a Lucero a vísperas de matrimonio. Y noté que los siete años que me separan de mi hermano más próximo, se habían vuelto más largos que de costumbre, en no sé que instante. Noté que nuestras vidas eran muchísimo más diferentes de lo que parecían ser y que el tiempo había pasado precipitadamente, causando en mí esta sensación de edad provecta que sólo a veces llega con estremecedores aires.
19 noviembre, 2008
Sobre Miraflores...
Por donde empezar dijo Gabriel, lanzando una nueva bocanada de humo-lucky e imaginando un capitulo cualquiera de Los años maravillosos.
Recordaré el ovalo primero, grande, lleno de gente de todo tipo. Pasaré junto a la municipalidad, por aquella calleja de gatos, cruzaré Larco y seguiré hasta alcanfores, donde algún día viviré. Luego sentiré la hermosa brisa humedecida como siempre, las hojas secas en la pista y vereda, el suave aroma a cannabis y continuaré caminando. Pasaré por mi cafetería de siempre, pintada de naranja con tonalidad de rock setentero. Con el sabor del café americano en la boca, podré sentarme y pensar en mi colección de plumas cuculí que tanto me gustaba/en mi sui géneris a todo volumen/en los golpes de mi hermano mayor y los consejos de mi otro hermano/en mi pepegrillo/en mis cuarenta y siete hamsteres/los cuentos de Abril/en las poco entonadas canciones de mi mamá/los cien años de soledad que mi hermana me contó/las tiradas de pera/mi Monoliso/mis GiJoes medio rotos/la colección de carritos de mi tio.
Pasaré entre los trilces recuerdos de mi abuelo materno, seguiré con mi primer cigarro, y con el comienzo de mi adolescencia poco tardía. Los scouts que tanto me enseñaron/las conversaciones con Andrea en el parque mientras se hacían montañas de ceniza por doquier/mis continuas visitas al San Francisco/mis pallmall rojos/mis noches de caminata solitaria/mi huaca pucllana/la llovizna tan típica que me gustaba pensar que era parisina/mi ambiente rebuscadamente bohemio/el Silvio Rodríguez que aprendí a escuchar/mis quince navidades/mis dieciséis cumpleaños/mi primer y espantoso noviazgo/el gato meón que visitaba volublemente mi techo/la compra de cigarros en el Repshop en la madrugada/mi guaraná sin gas.
Llegaré finalmente al último cigarro que consumí en mi casa de miraflores, desde la ventana, como solía hacer de noche. Junto a Piero, que prometió dejar de fumar terminando la mudanza, cuando el sol apenas pensaba en ocultarse y nos rodeaba aquella pesadez única que sigue al almuerzo. En el comedor de la casa, donde curiosamente fumé por primera vez años antes.
29 octubre, 2008
Septiembre semiseco...
Ahora, como otros de esos días he recordado poco su mirada juguetona, pero para recordar por completo su semblante adorable, dejo digresar los pensamientos lentamente, acabo lo poco de vino semiseco que queda en mi copa cuasi vacía, que junto a la otra, sobre mi mesa, se crea una esperanzadora y falsa imagen de que no estoy solo.
Fumaba lento un cigarro semitriste, semiseco como el vino, cuando escasos rayos de luz, buscando cobijo e ignorando mis persianas se asomaron por mi ventana, iluminando mi cama vacía, por puras ganas de fastidiarme creo yo. Adormilado por el humo y por el poco alcohol traté de encontrar en recuerdos algo que me intente robar una sonrisa. Noté con una de esas medio fraudulentas miradas que el calendario estaba en noveno mes, y rechacé la posibilidad de encontrar en estos días un recuerdo que me devuelva las ganas de respirar.
Los días felices han de haber partido con el comenzar de éste, el mes obscurecido. Con cansancio único de delincuente, que harto de escapar se entrega, y con voluntad única de encarcelado, es cuando puedo asentir que Silvio tenía razón al decir que ya se ha vuelto puta la fortuna.
