Sobre este blog.

Cuatro años después del Septimo Cigarro, siendo un ex-fumador de tabaco y habiendo dejado de lado muchas de mis depresiones adolescentes, me vi aquí nuevamente tratando de robarle palabras al viento, para inmortalizar y/o dejar ir experiencias. Entre ensayos y esbozos intento recobrar esa antigua parte de mi, que creía había muerto.

23 diciembre, 2008

Crónicas. III



"No hay mejor cigarro,
que el que se fuma antes de los regalos."
Fernando Morén.

Sobre Navidad.

Diciembre, volvió a mí con un peso único, se ha venido encima, acompañada de muñecos de nieve, santa y sus veinte mil renos. Se han apresurado los días o talvez se debe a que el no hacer nada de fin de clases, me da la impresión de días veloces. Sea lo que sea, la navidad ha cambiado. Si bien es cierto, éste año mi navidad ha enfrentado un duro debate de origen, y mi creencia en Dios se ha opacado hasta desaparecer, he decido festejarla como culto a lo que puede hacer el consumismo y la buena publicidad.

Porque mientras que Coca cola, nos vende a sus ositos polares abrazándose y tomando gaseosa, y nos bombardean con esa falsa imagen de familia unida bajo el calor de la chimenea, rodeando el árbol lleno de luces y abrigados por el frío invernal, aquí en mi país sudaca, en pleno verano, tenemos que aguantar las costumbres americanas del chocolate caliente que nos hace sudar de bochorno y la nieve falsa, pues en mi Lima, no nieva. ¿Y debido a qué? A la buena publicidad.

Esta bien, debo reconocer que no es solo la publicidad, porque sería tonto tratar de engañar a mis pocos lectores, diciendo que mi concepción de navidad es sólo una festividad a la buena propaganda, sino es todo el ambiente en conjunto, la felicidad espontánea y sin sentido, la ligera ambición a los regalos, la cena, siempre abundante, el relajo, el feriado después de la noche buena. Todas éstas cosas me hacen sonreír el veinticuatro en la mañana y tarde.

Pero de alguna forma especial ha venido esta navidad sin tantos ánimos y afanes, ¿Será que las navidades son para los niños, cómo dicen las jugueterías? No sé explicar el porqué, pero lo único que puedo recordar como una alegre navidad es el levantarme muy temprano a desayunar, acompañado de Piero, ver televisión un rato y correr a la sala de piso alfombrado y jugar ahí a las “peleitas”, como solíamos llamarlas, mientras mi papá con paso no muy acelerado, va preparando el infaltable pavo navideño. ¿Será talvez qué en esta navidad, no sólo faltan mis primos y tíos, sino también mi hermano mayor y mi abuela? ¿Será qué el pavo recién fue comprado ayer y no con tantos días de anticipación como era antes? ¿Será qué mi boca olvidó aquel acido único del puré de manzana? ¿Será qué el champán no se ha dejado ver hasta ahora y mi cabeza no asimila la idea de que ya sea noche buena? ¿Será qué alguna clase de melancolía de término de colegio me embarga? ¿Será qué la idea de navidad se ha visto duramente perjudicada con mi decisión de fortalecer mi ateísmo?

15 diciembre, 2008

Crónicas. II



No son de venir muy a menudo estas sensaciones que la vida te trae, cuando el paso del tiempo se hace notar con varios acontecimientos importantes, muy seguidos el uno del otro. Estas sensaciones que hacen que el ser efímera sea la mayor característica de la vida. Hoy, un día digno de odiar, me han venido estos aires de senectud, con apariencia nostálgica dominical. Con el zumbido inevitable que hace una moneda al ser lanzada por el pulgar hacia arriba, que como forma de encontrar una respuesta al azar se hace seguidamente, o incluso más agudo a veces, y es como el estremecedor as de sonido que causa el televisor al ser prendido. Con la sensación que causa una pluma al rozar la espalda, vinieron a mí, noticias cargadas de malas intensiones.

Y es que en tiempos de incertidumbre existencial adolescente, la poca gente a mi alrededor, comienza a crear razones para su vida o cosas por las que valgan la pena seguir viviendo y luchar. Y me veo atrapado, traicionado, por los que me inspiraron a seguir cuestionando contra el sinsentido. Y pues el tiempo parece haberse acelerado para ellos, con los que solía poder conversar a gusto y ahora, que llegué a aborrecer lo que tanto me obligaron a odiar, me veo en la mitad del camino, sin luz con que iluminarme, y con el orgullo suficiente, como para no poder volver pisando mis huellas.

Y me veo otra vez, perdido, como no esperaba verme nunca más. Extraviado entre el ir y el regresar. Y es que el tiempo juega malas pasadas cuando va a paso de empresario y notas el crecimiento a tu alrededor, más no en ti. Y no es que el ron de ésta noche, haya cambiado mi forma de pensar, o que me encuentre en ese cruce de sentimientos melancólicos post-alcoholisismo, ni que sea tan egoísta y que no sienta satisfacción por la felicidad ajena, es sólo que una vez más me siento completamente solo.

Hace unos días que terminé el colegio, y harto de tanta mierda estudiantil llegué a casa feliz y comentando que no volvería a tener que ponerme la camisa dentro del pantalón, ni tener que colgar mi uniforme el domingo en la noche. Fue entonces cuando encontré a mi abuelo gravemente enfermo, a mi hermana apunto de graduarse de la universidad, a un amigo que conozco desde que nací [Isaac] a pocos meses de ser padre, a Abril lista para viajar a Inglaterra y a Lucero a vísperas de matrimonio. Y noté que los siete años que me separan de mi hermano más próximo, se habían vuelto más largos que de costumbre, en no sé que instante. Noté que nuestras vidas eran muchísimo más diferentes de lo que parecían ser y que el tiempo había pasado precipitadamente, causando en mí esta sensación de edad provecta que sólo a veces llega con estremecedores aires.

19 noviembre, 2008

Sobre Miraflores...

Recordaré una vez más y sólo para percatarme de todo lo que ha muerto de mí en esos lares.

Por donde empezar dijo Gabriel, lanzando una nueva bocanada de humo-lucky e imaginando un capitulo cualquiera de Los años maravillosos.

Recordaré el ovalo primero, grande, lleno de gente de todo tipo. Pasaré junto a la municipalidad, por aquella calleja de gatos, cruzaré Larco y seguiré hasta alcanfores, donde algún día viviré. Luego sentiré la hermosa brisa humedecida como siempre, las hojas secas en la pista y vereda, el suave aroma a cannabis y continuaré caminando. Pasaré por mi cafetería de siempre, pintada de naranja con tonalidad de rock setentero. Con el sabor del café americano en la boca, podré sentarme y pensar en mi colección de plumas cuculí que tanto me gustaba/en mi sui géneris a todo volumen/en los golpes de mi hermano mayor y los consejos de mi otro hermano/en mi pepegrillo/en mis cuarenta y siete hamsteres/los cuentos de Abril/en las poco entonadas canciones de mi mamá/los cien años de soledad que mi hermana me contó/las tiradas de pera/mi Monoliso/mis GiJoes medio rotos/la colección de carritos de mi tio.

Pasaré entre los trilces recuerdos de mi abuelo materno, seguiré con mi primer cigarro, y con el comienzo de mi adolescencia poco tardía. Los scouts que tanto me enseñaron/las conversaciones con Andrea en el parque mientras se hacían montañas de ceniza por doquier/mis continuas visitas al San Francisco/mis pallmall rojos/mis noches de caminata solitaria/mi huaca pucllana/la llovizna tan típica que me gustaba pensar que era parisina/mi ambiente rebuscadamente bohemio/el Silvio Rodríguez que aprendí a escuchar/mis quince navidades/mis dieciséis cumpleaños/mi primer y espantoso noviazgo/el gato meón que visitaba volublemente mi techo/la compra de cigarros en el Repshop en la madrugada/mi guaraná sin gas.

Llegaré finalmente al último cigarro que consumí en mi casa de miraflores, desde la ventana, como solía hacer de noche. Junto a Piero, que prometió dejar de fumar terminando la mudanza, cuando el sol apenas pensaba en ocultarse y nos rodeaba aquella pesadez única que sigue al almuerzo. En el comedor de la casa, donde curiosamente fumé por primera vez años antes.




29 octubre, 2008

Septiembre semiseco...

Seguramente fue con la pitada número siete, con la que comencé a sentir aquel sabor a tierra que sólo un buen tabaco puede tener, un sabor amargo profundo del alma y fuerte y con amargura suficiente, como para poder desprender aquellos instantes en los que me siento completamente abandonado, sin demostrarlo realmente.

Ahora, como otros de esos días he recordado poco su mirada juguetona, pero para recordar por completo su semblante adorable, dejo digresar los pensamientos lentamente, acabo lo poco de vino semiseco que queda en mi copa cuasi vacía, que junto a la otra, sobre mi mesa, se crea una esperanzadora y falsa imagen de que no estoy solo.

Fumaba lento un cigarro semitriste, semiseco como el vino, cuando escasos rayos de luz, buscando cobijo e ignorando mis persianas se asomaron por mi ventana, iluminando mi cama vacía, por puras ganas de fastidiarme creo yo. Adormilado por el humo y por el poco alcohol traté de encontrar en recuerdos algo que me intente robar una sonrisa. Noté con una de esas medio fraudulentas miradas que el calendario estaba en noveno mes, y rechacé la posibilidad de encontrar en estos días un recuerdo que me devuelva las ganas de respirar.

Los días felices han de haber partido con el comenzar de éste, el mes obscurecido. Con cansancio único de delincuente, que harto de escapar se entrega, y con voluntad única de encarcelado, es cuando puedo asentir que Silvio tenía razón al decir que ya se ha vuelto puta la fortuna.

25 agosto, 2008

Crónicas. I


Hoy, la noche sangra en todas sus horas, y no existen más aquellos vientos helados que lo paralizan todo. Hoy el ambiente no se puso asquerosamente cultural, ni los aires de escritor precario me han venido tan bohemios, como siempre lo hacen o lo han sabido hacer hasta ahora. Hoy los segundos eternos parecen haber culminado de una buena vez, e instantes antes de recobrar el conocimiento por completo, exterminé la sombra de aquello que como una mancha deshonraba continuamente mi ser. Hoy, como otros días, pero con seriedad legítima, entierro a pocas cuadras de mi casa numerosos recuerdos.

Marco hitos por costumbre a lo largo de todo lo que me ocurre, pero hoy, no muere ninguna otra parte de mí, no se queda en ninguna otra pequeña zanja, que mi cabeza confundida crea esperando dejar atrás el problema, hoy no dejo caer retazos de lo que pude ser, por todos lados. Hoy, como nunca he hecho, me dispongo a no dejarme perder entre los espejismos de sentenciado, y enfrentando la corriente de lo frecuente, pretendo leer mis memorias más recordables y recuperar lo poco que puedo de mí, dejando para siempre los arquetipos que intenté adaptar.

Hoy realmente me gusta lo que veo en sus ojos, que me miran con mayor luminosidad, cuando la beso y cuando me dejo perder en ella. Hoy descanso la mirada, que acompañada de una sonrisa infantil, buscan ansiosas encontrar el vaso medio lleno a todo, mientras que el pecho me golpea con fuerza, pero ahora sólo por amor. Hoy la psicóloga me sonrió un poco más de lo normal e inclinando la cabeza ligeramente hacia la izquierda, me dijo que la terapia estaba siendo bien llevada.

01 agosto, 2008

El terror y la rosa...

Como un perro se arrastraba entre la sangre y los restos de cuerpos, que tirados por doquier se dejaban comer por los gusanos. Jadeaba por el desenfreno que parecía acabarlo por completo, con temblores avanzaba a paso serpiente hasta la frontera del murmuro, donde el silencio daba sus brutales mordiscos. Sangrando y babeando continuaba el camino, siguiendo el rastro de suplicios y pedazos de hombre.

La sed asesinaba al engendro, que aceleraba la respiración, queriendo encontrar algo de vida que arrancar sin piedad, entre sus interminables grietas de sombra, sobre la acera.
Con tierra en las uñas, y con colmillos amarillos, cerraba un poco los ojos sombríos carentes de aquel brillo único de luna, mientras su penetrante gruñido se extendía sin terminar por toda la ciudad, que en llovizna de fuego se calcinaba como sólo sabe hacerlo un hombre expuesto al terror, en estos, sus años de mayor poderío.

Trozos de edificios en escombros, gigantescas pilas de destrucción y charcos de sangre sin fondo, el aire se iba bañando con aquel, el olor de sangre al oxidarse, el aroma del infinito frenesí, perfume de asesinos y de salvajes terrores. La bestia se extendía por toda la ciudad en llamas, hasta un pequeño rincón de una habitación a medio destruir, en una delgada grieta en el suelo, de donde brotaba una pequeña rosa, que por defenderse de la salvaje bestia, nació con espinas. Y con ésta, nació toda una larga y nueva historia.




Entonces volvió a preguntar, nunca renunciaba a una pregunta una vez que ya la había formulado en su pequeña cabecita rubia. Yo, encontrándome irritado respondí cualquier cosa:

- Las espinas no sirven para nada. Son pura maldad de las flores.